Es hora de reformar la financiación de los partidos

La necesidad de controlar los ingresos y gastos en la administración pública a causa de la actual crisis económica ha sacado a la luz comportamientos y prácticas corruptas en el método de financiación de los partidos políticos en España.

Este es el momento ideal para plantear un nuevo modelo de financiación que se ajuste no sólo a la realidad económica del país sino, igualmente, a la nueva sociedad en la que vivimos, tan diferente y alejada de aquella otra de los años 70 y 80 que inspiró el modelo actual.

En aquella época, con la democracia recién conquistada, con una sociedad muy politizada y ávida de entidades en las que participar, y sobre todo con unos partidos hasta ese momento inexistentes, hubo que poner en marcha un sistema de financiación que permitiese crear organizaciones potentes que fueran capaces de liderar el proceso de transición a la democracia; un sistema que carecía de mecanismos de control y que hoy en día ha quedado profundamente obsoleto.

La consecuencia de todo aquello son los casos de corrupción que actualmente están en las portadas de los diarios, así como una percepción generalizada de que todos los partidos albergan y toleran a políticos corruptos.

Cualquiera que conozca un poco el funcionamiento de los partidos sabe que esa percepción no corresponde con la realidad, y que la mayor parte de los que se dedican a la política lo hacen de forma honorable y sin lucrarse personalmente.

Reformar el sistema de financiación de las organizaciones políticas es necesario pero también, y de forma más perentoria, es imprescindible una revisión profunda de la forma en que estas se estructuran, así como sus métodos de trabajo, además de otras cuestiones como el coste de las campañas electorales o la financiación de las fundaciones que “cuelgan” de ellas.

Por un lado sería necesario que dentro de los partidos se hiciera un ejercicio de autocrítica respecto a cómo se ha disparado el gasto en los mismos. Asistir a los increíbles dispendios que se realizan durante las campañas electorales, y más en momentos de crisis como el actual, resulta indignante: escenarios con aspecto de plató de programa en “prime time”, y que se encargan por partida doble para ser capaces de montar actos electorales en diferentes ciudades al mismo tiempo; costosísimos envíos por correo ordinario de propaganda electoral que en su mayor parte termina en los cubos de basura; carteles y vallas electorales repartidos por doquier con el careto de los candidatos que permanecen meses y meses después de las elecciones colgando de farolas y demás mobiliario urbano; encuestas preelectorales convenientemente cocinadas que no sirven más que para poner en duda el trabajo de los demóscopos; anuncios en prensa de papel (¡WTF!) en los que nadie repara ya; honorarios de asesores de imagen y empresas publicitarias que vacían de contenido a los partidos y que terminan por dejar toda la estrategia política a la elección del color de la corbata o a si nuestro candidato debe dirigirse al presentador o a la cámara…. Gastos infinitos que han terminado por convertir la política en un circo en el que lo de menos es el mensaje; en el que los programas electorales los redacta un grupete de profesores universitarios a los que se les encarga un documento que es olvidado tras la rueda de prensa en la que se presenta; una inmensa burbuja en la que todo brilla por fuera pero carece de contenido por dentro….

Por todo ello, y a modo de ejemplo, algunas propuestas para cambiar las cosas:

-Proponer una limitación de los ingresos y gastos de los partidos en función de sus resultados electorales.

-Crear un grupo de expertos auditores independientes que se encarguen (tanto en el ámbito nacional como en el autonómico) de fiscalizar las cuentas de las organizaciones políticas.

-Eliminar (o limitar) las aportaciones de empresas y grupos de interés, y limitar las cantidades en las aportaciones privadas, que en ningún caso deberían ser anónimas.

-Publicar anualmente la nómina de empresas y corporaciones que aporten fondos a los partidos, así como las cantidades ingresadas.

-Prohibir que las empresas que donen dinero a los partidos puedan presentarse a concursos públicos (esto ya existe) e inhabilitar a aquellas que lo incumplan.

-Eliminar (o reducir ostensiblemente) la financiación pública para las fundaciones de los partidos políticos.

-Limitar el gasto en campañas electorales en función del número de circunscripciones en las que concurra cada partido.

-Establecer que un porcentaje (un 1 o un 2%) del sueldo de los cargos políticos remunerados (diputados, senadores, alcaldes, concejales, consejeros, etc…) sea acumulado en un fondo común y entregado proporcionalmente a los partidos para financiar su actividad.

-Reducir a una semana las campañas en procesos electorales autonómicos y municipales.

Se admiten ideas…….

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Más democracia=más socialismo

A lo largo de la historia, el PSOE ha mantenido ciertos rasgos identitarios que le han dado una coherencia que ha sido premiada en distintas citas electorales. Quién vota al PSOE sabe que lo está haciendo por un partido que, en la mayoría de las ocasiones, apuesta por lo Público, sobre todo en Sanidad y también en Educación (a pesar de la concertada), que cree, normalmente, en un Estado fuerte capaz de garantizar la prestación de estos y otros derechos, y que garantiza (cierta) distribución de la renta, entre otras muchas cosas que se nos suponen. Y digo se nos suponen porque en función de cuanto más cerca o más lejos estamos de estos presupuestos es cuando los ciudadanos nos dan o nos quitan su confianza, así de sencillo.

También hay otras características que se han dado a lo largo de la historia de nuestro partido que se han diluido hasta ser casi irreconocibles, como nuestro pacifismo, enraizado desde los tiempos de Pablo Iglesias y sus campañas de “Guerra a la Guerra” que tuvo un reverdecer con el “No a la Guerra” que enarbolamos junto a la sociedad contra la invasión de Irak. Pero otras virtudes las hemos perdido completamente, y así lo está interpretando la gente, sobre todo en dos asuntos:

El primero es que siempre habíamos estado con los que más lo necesitaban, pero en los últimos tiempos esto se ha visto empañado por la sensación que hemos dado de haber gobernado para los banqueros, para las eléctricas, para los que más tienen en general, mientras que echamos todo el peso de la crisis sobre la clase media. Lo segundo era la capacidad del PSOE de ser vanguardia de la sociedad, de estar, como poco, al lado y muchas veces por delante de las exigencias de la sociedad: lo estuvimos cuando la mayoría de nuestro grupo parlamentario votó a favor del voto femenino en 1931, cuando aprobamos en los 80 las primeras leyes del aborto o del divorcio, o más recientemente con la ley de dependencia o la del matrimonio homosexual. Leyes progresistas y valientes.

¿Qué ha sido de todo esto? ¿Dónde estaban nuestros reflejos y, sobre todo, nuestra valentía cuando estalló la crisis? ¿Por qué hemos tardado tanto en ponernos al lado de los desahuciados (si es que lo hemos hecho)? ¿Por qué no estamos haciendo la oposición que nos está reclamando la sociedad y que ella si está haciendo? ¿Por qué no nos hemos unido al grito que reclama más democracia? Si somos socialdemócratas hagamos socialdemocracia (y olvidémonos de los cantos de sirena del liberalismo).

No se trata de pedir perdón como un acto de contrición cristiana, se trata de ser coherentes de nuevo, de apostar por más democracia y por más socialismo, solo así, siendo lo que hemos sido, volveremos a tener vocación de mayoría, porque la vocación de mayoría se gana estando al lado de la ciudadanía y no sentado en los Consejos de Administración de las eléctricas.

Esta reflexión me surge tras haber hecho un breve informe sobre las trampas de nuestro sistema electoral actual. Un debate, como tantos otros, en el que hemos mirado para otro lado durante muchos años, y así nos va. Porque algo que puede parecer baladí no lo es, además de que democracia no es votar solo cada cuatro años, habría que poner la lupa en cómo votamos, y no me refiero solo a si las elecciones son “honestas, periódicas y limpias” como dice Huntington, si no que se hace necesario conocer la ley electoral bajo la que se celebran esas elecciones, ya que la experiencia nos demuestra que cuando la ley cambia, cambia el resultado y que cada ley genera unas relaciones distintas entre electores y elegidos. En este momento nos regimos por una ley que, con mínimas variaciones, es la misma que salió en 1977 de la cocina del tardofranquismo. Tal vez, treinta y cinco años después, sea hora de que los socialistas reconozcamos los fallos de la misma y apostemos por democracia de más calidad. La ciudadanía ya lo está haciendo. ¿A qué esperamos?

Podéis ver el artículo sobre nuestro sistema electoral aquí.

 

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De votos, partidos y personas…

Andalucía, -700.000; Aragón, -133.000; Asturias, -22.000; Baleares, -83.000; Canarias, -156.000; Cantabria, -70.000; Castilla la Mancha, -180.000; Castilla León, -250.000; Cataluña, -750.000; Valencia, -420.000; Extremadura, -115.000; Galicia, -157.000; País Vasco, -42.000; Navarra, -43.000; Murcia, -94.000; Madrid, -500.000; La Rioja, -27.000.

Este es el número de votos que ha perdido el PSOE en cada comunidad autónoma entre sus dos últimas consultas electorales, ya sean generales o autonómicas, incluyendo los últimos procesos en Asturias, Andalucía, Galicia y País Vasco. Más de tres millones y medio de votos en un ciclo de menos de cuatro años, con cifras negativas en todos y cada uno de los territorios, lo que permite deducir que no se trata de errores puntuales achacables a las diferentes estructuras autonómicas, sino a un problema de modelo de funcionamiento cuya responsabilidad recae directamente en la dirección federal.

Las causas de esta auténtica debacle? Muchas y con diferentes orígenes:

Por un lado un problema de indefinición política e ideológica. Desde los años 90 el PSOE, al igual que la mayor parte de la socialdemocracia europea, ha mantenido un doble discurso que le ha permitido llevar a cabo una gestión económica conservadora (especialmente cierta pasividad hacia un mercado cada vez más abierto y desregulado) que convivió con la gestión de unas políticas sociales que han permitido hacer más grande el estado de bienestar que fue construido durante las décadas siguientes a la II guerra mundial. Este proceso que en la mayor parte de las naciones occidentales duró varias décadas, fue desarrollado en España en apenas 25 años, pasando de ser un estado a la cola en lo económico y lo social, a formar parte del selecto grupo de locomotoras de una Europa que parecía no alcanzar techo.

La rapidez del crecimiento hizo invisible la imperfeccción con la que se estaba produciendo, y sobre todo ocultó buena parte de los defectos de forma que se cometieron en esos 25 años de imparable progreso.

Paralelamente el PSOE se transformó desde una opción política de clase -que aglutinaba a buena parte de la oposición al régimen franquista y sobre todo al joven electorado de la recién nacida democracia-, en una maquinaria electoral cuya finalidad pasó a ser convertirse en un partido “atrapa todo” capaz de perpetuarse al frente de las instituciones en el gobierno central y en buena parte de las comunidades autónomas.

Entre tanto, no se puede olvidar, el PSOE transformó el país a un ritmo vertiginoso e impensable en 1975 (no olvidemos que es el partido que ha gobernado durante más tiempo en los últimos 35 años): modernizó (en parte) la estructura productiva; sentó las bases de un estado de bienestar con especial mimo en lo referente al sistema de pensiones, la educación y la sanidad; introdujo a España en la Comunidad Económica Europea y en la OTAN, y de paso modernizó social y económicamente un país que durante la mayor parte del siglo XX había vivido muy por detrás de sus vecinos europeos. La culminación de todo ello fueron las estadísticas inmediatamente anteriores al estallido de la crisis, cuando nuestros país se colocó en un privilegiado lugar dentro de las diez economías más desarrolladas, justo cuando España aparecía ante el mundo como sinónimo de modernidad, crecimiento y bienestar.

El PSOE se había convertido para entonces en un partido de gobierno, en una estructura fuertemente burocratizada en la que el tradicional componente obrero había dado paso a otro mucho más ajeno a sus siglas. Curiosamente, un altísimo porcentaje de los líderes del partido que protagonizaron ese proceso, treintañeros al principio, siguen moviendo todavía hoy los principales resortes de la organización, aunque muchos de ellos estén ya próximos a la jubilación. La experiencia, dicen…

Por debajo apenas un grupo de cuadros medios, prestos a ocupar el lugar que la biología les aguarda, pero sin apenas experiencia fuera del partido, acostumbrados a acatar las indicaciones de sus jefes, con nulo espíritu crítico aunque muy bregados, eso sí, en el difícil arte de las afiliaciones fantasma, las asambleas sin discusión, las listas de candidatos acordadas previamente y sin debate, y sobre todo, muy reacios a escuchar a los demás, ni a sus propios compañeros ni a las voces que, desde ya algún tiempo, comienzan a llegar desde las urnas.

El PSOE puede seguir así todavía un largo tiempo, el que le concedan los cuatro o cinco millones de ciudadanos que difícilmente votarán, votaremos, a otra opción política. Pero llegará un momento en que la gente joven que ha crecido con un PSOE desprestigiado, opaco, alejado de la realidad, ajeno a lo que le pasa realmente a la ciudadanía, no tendrá ningún reparo a la hora de identificar a la izquierda española con cualquier otro partido. Cuando eso ocurra, y al paso que vamos ocurrirá, se habrá arruinado definitivamente el legado de un partido centenario.

Algunos tienen la tentación de anteponer sus intereses personales a los del PSOE; prefieren mantener la corrompida imagen del partido antes que reconocer los errores; insisten en ocupar y mantenerse en sus púlpitos (cada vez menos porque el respaldo ciudadano es cada vez menor) antes que ceder el testigo a una generación que desde hace mucho tiempo está mejor preparada y comprende mejor la sociedad en la que vivimos.

Desde muchos ámbitos se insiste en que la socialdemocracia y la izquierda en general están en crisis, cuando la realidad nos está enseñando que lo que está comprometida no es la ideología -más necesaria que nunca- sino la forma en que se presenta ante las personas.

 

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Dr. Alfredo actúe, perdemos al paciente.

Vía: http://raulolivan.com/2012/10/22/dr-alfredo-actue-perdemos-al-paciente/

Una imagen vale más que mil palabras. El PSOE no necesita más reflexiones ni más observatorios, menos aún conferencias para cambiarlo todo que no cambian nada y además se demoran sine die. Precisamos urgentemente una consulta democrática a las bases sociales, que incluya a los miles de personas que antaño se identificaron con sus siglas pero no militan. La experiencia nos dice que un debate de ideas es urgente, pero lo posible y lo real es confrontar programas y modelos de partido en torno a nuevas personas y equipos, que trasciendan más allá de las paredes de las sedes. La gente lo está pasando mal, muy mal. Una primarias abiertas son la única receta para abrir el partido, ponerlo a trabajar en la calle, empaparse de los problemas reales, hacerlo cómplice, o al menos aliado, de los nuevos movimientos sociales. Quizá no haya ya escapatoria pero hay que intentarlo, no por el partido en sí, sino por los ideales por los que un día se creó.

Compártelo. Pégalo en tu muro. En tu blog. Mándalo por mail. Recétalo a tus dirigentes. Tuitéalo.

 

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Jóvenes

¿Y todavía se preguntan por qué los jóvenes dejaron de confiar en los partidos? Sencilla, clara y directa columna…

 

MIGUEL Miranda 10/10/2012

Publicado en el Periódico de Aragón

Forma parte de esa generación de jóvenes españoles mejor formada de la historia. Acabó su carrera universitaria, Erasmus incluido, hizo un máster, prácticas gratis en empresa, aprendió un tercer idioma para ser más competitivo, se hartó de enviar ejemplares de su brillante currículum y de colocarlo en todas las redes sociales a su alcance. Llegó a conseguir incluso un contrato basura de 20 horas al mes. Su novia tiene una trayectoria parecida y juntos habían proyectado su vida en común con la ilusión propia de su edad. Con el paso de los días, meses y años la frustración y una cierta amargura fueron creciendo. Y apareció la desesperanza, la aceptación de que sus proyectos aquí y ahora no son posibles y que no lo serán en los próximos años. Y se preguntaron que por qué les tocó a ellos. Una y mil veces trataron de averiguar qué es lo que habían hecho mal, cuál había sido su error y concluyeron que ninguno. Se habían limitado a cumplir lo que se esperaba de ellos, se habían esforzado en el día a día y llegado el momento de recoger algún fruto, de encontrar su lugar en el mundo, sólo hallaron recortes y llamadas a la paciencia. Y tiraron la toalla y emprendieron una incierta aventura a miles de kilómetros. Ojalá les vaya bien. Mientras tanto, seguiremos preguntándonos a qué esperan los que pueden hacerlo, para convocar en sede parlamentaria a todos los agentes sociales para un gran pacto por el empleo, para cuando las políticas de crecimiento, para cuando un rayo de esperanza.

Profesor de Universidad

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El PSOE ante el dilema de la cabra

Durante los 90 hizo fortuna la idea de que el PSOE, heredero de las inercias positivas de la transición, podía presentar una cabra como candidato a las elecciones y seguir revalidando su hegemonía en el Parlamento.

Esta teoría tan ingenua como prepotente se fue al traste cuando pusimos en el cartel a Joaquin Almunia, el político que ahora todos leemos con respeto, venía de recoger el testigo de un PSOE desprestigiado y sobre todo de perder unas primarias en su propio partido contra Pepe Borrell (Era catalán y quedaba feo)

Hoy cuando uno lee el boletín metroscópico de El País se acuerda de la teoría de la cabra y puede llegar a  pensar que ha llegado el punto en el que una cabra no sólo mantendría un resultado digno, sino que es posible que lo pudiera mejorar.

La desafección de los pijos ácratas (entiéndase como el bloque generacional que ha crecido en el Estado del Bienestar y que combate contra el paro y la precariedad, sabiendo que vivirá peor que sus padres) alcanza al 77%, que son los españoles que comparten los sentimientos de las movilizaciones del 25-S según las últimas encuestas. Y en este contexto las bofetadas se las comen el PP y el PSOE como puede observarse en los datos que enlazaba más arriba.

Hay que crear un nuevo discurso! Cierto, hay que cambiar el fondo mucho y las formas del todo. Pero soy de la opinión que diciendo las mismas cosas (impuesta a las transacciones financieras, bancó público, impuesto a las rentas altas, políticas de estímulo frente a la austeridad radical…) por un lider diferente a Rubalcaba, ya sonarían mucho mejor, más creibles, verosímiles y sinceras.

Permítanme la broma insistente: con que esas mismas propuestas las pronunciara una cabra nos iría mejor. Si además no es una cabra sino un/una líder que encabece a un equipo renovado que acepte los errores pero que construya futuros sin mochilas, ya sería la bomba. Y si es capaz de acometer una profunda transformación del modelo de participación en el partido, abriéndolo, haciéndolo transparente, permeable a la sociedad civil… sería ya la repera.

El PSOE debe recuperar el mantra de ser el partido que más se parece a los españoles: jóvenes, parados, catalanes, andaluces, funcionarios, autónomos, operarios de fábrica, pensionistas… Decirlo es fácil ¿Hacerlo?

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Una oportunidad de renovación

(con permiso de su autor, transcribimos el artículo publicado por Jesús Isla, alcalde de Calatorao, en el Periódico de Aragón).
Los demoledores datos de las ultimas encuestas de opinión, y la convocatoria de elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco, suponen para el PSOE una magnifica ocasión para presentar (de verdad) mensajes renovados que nos permitan volver a conectar con el amplio espectro progresista y de izquierdas que conforma la mayoría sociológica en este país.

Mensajes renovados que nos distancien definitivamente del pensamiento neoliberal y neocon que en este momento empapa la vida política. Debemos presentar a la sociedad unos mensajes que nos permitan negar el dicho, hoy comúnmente admitido, “de que todos los políticos son iguales”. Para ello precisamos renovar idearios y aparecer como una opción política con una clara identidad socialdemocrata. Y también renovar a quienes han de dirigir ese mensaje a la sociedad.
Resulta verdaderamente difícil convencer a la ciudadanía de que no somos iguales a la derecha, cuando previamente hemos hecho recortes sociales que ellos han pronunciado con un claro sesgo ideológico. De que ellos tienen el caso Gürtel, mientras nosotros tengamos caso ERES. De que sus Alcaldes están implicados en casos de corrupción, cuando también los hay nuestros, aunque sea en menor medida. Que sus socios de Gobierno en Aragón imponen políticas, cuando son los mismos que nos las impusieron a nosotros. Que podemos hacer nuevas políticas con los mismos políticos de siempre.
Si cuando gobernamos terminamos haciendo políticas de derecha, nada ha de extrañarnos que los electores prefieran terminar decidiendo que las haga la propia derecha.
Sólo desde una profunda renovación de nuestro mensaje que forzosamente ha de ser transmitida por candidatos a los que no se pueda decir “todos los políticos son iguales” volveremos a conectar con la ciudadanía. Tenemos una buena oportunidad para empezar a ganarnos el crédito y la confianza perdida. No volvamos a defraudar.
JESUS ISLA SUBIAS
ALCALDE DE CALATORAO”

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Es la desigualdad, estúpido

En la fascinante escena inicial de “The Newsroom”, Will Mc Avoy (Jeff Daniels) explica en tres minutos y medio por qué EE.UU. no es el mejor país del mundo, aunque podría serlo. En esos apenas 200 segundos enumera una serie de de datos sobre los indicadores (pésimos en algunos casos) de la supuesta primera nación del planeta.

Lo explica bastante bien el premio Nobel Joseph Stiglitz en su último libro, “El precio de la desigualdad”, en el que cuenta que EE.UU dejó ya de ser hace tiempo la “tierra de las oportunidades” donde cualquier self-made-man podía ascender desde la alcantarilla más oscura hasta la presidencia de la nación. De hecho, la realidad actual es bien distinta, de forma que las diferencias entre los más poderosos y el resto no hacen sino aumentar a pasos agigantados: entre 2009 y 2010 el 1% más rico del país se quedó en sus bolsillos con el 93% de la riqueza generada.

Si nos empeñamos en buscar datos encontraremos decenas que servirán para refrendar esta teoría pero, ahí está el problema, no sólo en Estados Unidos sino en la mayor parte de las naciones desarrolladas del mundo.

Y es que la desigualdad es una de las peores consecuencias de la actual crisis económica. El Índice de Gini, que mide la desigualdad de ingresos entre los individuos de una nación (0 es igualdad perfecta, 1 desigualdad máxima), muestra para el caso de España un crecimiento que nos sitúa en valores de 1995 (actualmente está en 0.347).

Creo que esta y no otra es la cuestión más importante que deben atender nuestros gobernantes, que deberían estar obligados a mantener un mayor equilibrio entre aquello que es bueno y recomendable para los indicadores macroeconómicos, y la traslación que sus medidas tienen para la mayor parte de la población.

En el caso de España, buena parte de las decisiones tomadas por el gobierno de Rajoy están aumentando esa brecha preexistente entre aquellos que más y menos tienen, y además están logrando que cada vez más miembros de lo que se denomina “clases medias”, formen parte de lo segundos. A la reducción de un 7% de media en las retribuciones de 4 millones de empleados públicos le podemos sumar el aumento de los impuestos directos e indirectos, el copago farmacéutico o la supresión de becas escolares entre otras muchas medidas que han sido aprobadas en los últimos meses y que afectan especialmente a lo menos pudientes. De la misma manera, las cada vez mayores dificultades para poder desenvolverse dignamente en nuestra sociedad harán que estas diferencias se acentúen. De hecho, conquistas básicas de nuestra democracia como la posibilidad de que casi cualquier persona pueda tener acceso a la formación universitaria, están en peligro si continúa la subida del precio de las matrículas al tiempo que desciende el número de becas.

Por todo ello, y al igual que en 1992 un estratega de la campaña de Bill Clinton tuvo la brillante idea de reorientar el mensaje del futuro presidente de EE.UU. hacia los temas económicos, y de paso romper casi todos los pronósticos previos y adjudicarse aquellas elecciones, me encantaría que hubiera uno de esos agudos estrategas en Ferraz escribiendo la frase que da título a esta entrada en todas y cada una de las paredes de la sede socialista. Porque de lo que hay que hablar desde ya, es del modelo de país que vamos a tener en el futuro y que, a no ser que lo remediemos, va a basarse en la más profunda desigualdad.

En 2012 ya arrastramos cuatro años consecutivos en los que los salarios crecen por debajo de los precios, y la tendencia continuará de forma indefinida si comienzan a implantarse algunas de las ideas que llevamos meses oyendo como la de los minijobs o la supresión de más coberturas sociales.

Los partidos conservadores y especialmente el PP no son partidarios de mantener un estado de bienestar a la manera que hemos conocido hasta ahora, y comienzan a enviar mensajes respecto a que todos aquellos derechos de los que hemos disfrutado pueden empezar a ser responsabilidad de cada uno. Y al mismo tiempo que suprimen derechos hacen todo lo posible para que la sociedad civil se quede sin posibilidad de réplica: la criminalización de la protesta, o la profundamente mezquina propuesta de Cospedal de políticos sin sueldo van justamente encaminadas en esa dirección.

Sí estuviera en uno de esos despachos del PSOE en los que se deciden las cosas no me cabe duda de que esto sería lo que me preocuparía. En ningún momento se me pasaría por la cabeza ofrecer mi colaboración al partido que está desmontando el estado que hemos creado en los últimos 35 años (aunque sea con todos sus defectos); no estaría dispuesto a renunciar a ninguna de las señas de identidad que caracterizaron al partido que más y mejor ha transformado este país; y sobre todo tendría muy claro que existen algunas líneas rojas innegociables, y que traspasarlas supondría la más firme oposición, por encima incluso de la lealtad institucional que es necesario mantener en tiempos de crisis, pero que no ha de imponerse a la lógica del modelo de sociedad que la mayor parte de la ciudadanía todavía quiere mantener.

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El Banco “malo” y el ático de Luis De Guindos

Tenemos una noticia mala y una peor ¿por cuál prefieren que empecemos?…

Hoy hemos conocido las reglas que regirán el Banco “malo”, básicamente será una sociedad anónima con súper poderes que sobrevolarará la mayoría de las leyes: ley concursal, ley de opas o el Código Civil, como pueden leer en este artículo de El País.

La noticia mala es que los precios de los activos tóxicos – que son el quid de la cuestión- los fijará el Banco de España. Y aunque debería ser positivo que le hayan quitado esa competencia a los bancos y cajas, porque quedaba feo que fueran ellos los que fijaran el precio de sus activos tóxicos para que después se los vendieran “de buena fe” al Banco “Malo” – que somos todos los españoles- y que finalmente éste -nosotros- lo intenterá colocar en el mercado, obviamente  asumiendo pérdidas… La alternativa tampoco es muy esperanzadora.

El ente “indepediente” que valorará los activos tóxicos será el Banco de España y si algo lo caracteriza es que no tiene nada de independiente. Una consulta rápida a sus funciones reconocidas por ley nos permite comprobar el Banco de España no existe para amparar o proteger a la familia media, al joven en paro o al profesional autónomo, sus misiones son más altas y superiores: divisas, tesoro y sobre todo garantizar estabilidad y solvencia del sistema financiero.

Dicho de otro modo el BdE va a tener ante sí el siguiente dilema:

a) Les compra a los Bancos y a las Cajas los activos tóxicos a un precio ”justo” de mercado para poder venderlos y recuperar el dinero. Lo que generaría una alerta roja en el sistema financiero porque reconocer que sus pisos valen -pongamos el 50% ó 60% menos- los dejaría vistos para sentencia. Y como prueba un botón, recientemente los bancos y cajas se vieron obligados por decreto a reconocer caidas del valor de hasta un 35% (me refiero a los pisos, porque el suelo pinta mucho peor) y sólo con eso se fueron al garete Bankia, y antes Banco de Valencia y CCM… a los que sería justo sumar un crisol de pequeñas cajas fusionadas entre sí o absorvidas por otras entidades mayores como las catalanas, las andaluzas, las gallegas, las vascas, las aragonesas… ¿Qué sucedería si les apretaramos más aún a las tuercas?

b) Les compra los activos tóxicos a un precio ponderado que garantice la estabilidad del sistema financiero y acepte por bueno el status quo actual (minoraciones del 35%) Con lo que habrá adquirido duros a siete pesetas, si bien, el Banco “Malo” -nosotros!- tendrá músculo financiero tanto para asumir pérdidas cuando los coloque como para dosificar las ventas en el lapso de diez años. Y en este caso sepan ustedes que los que habremos adelantado la pasta y quienes asumiremos las pérdidas seremos los ciudadanos españoles, en lo que será, como calificaba en otro post reciente, como el timo Ponzi (piramidal) más grande de la historia.

La noticia peor es que el BdE (en complicidad con el Gobierno) optará por esta última solución y el Banco “Malo” que somos -repito- los españoles, asumirá las pérdidas. Recuerden que las funciones principales del BdE son la estabilidad financiera y la solvencia, es decir que los bancos no palmen, un objetivo que encontrará además el apoyo de la UE pues los principales acreedores de nuestros bancos no son otros que los alemanes y franceses.

Desde mi punto de vista el Banco “Malo” actuará además como un gran monopolio con licencia para matar, saltándose todas las leyes y además con músculo financiero suficiente como para aguantar pérdidas e inducir un aterrizaje suave de los precios a lo largo de una década.

Es decir, a corto plazo no vamos a tener noticias escandalosas de que compran a 10 y venden a 5, no les interesa ni a efectos políticos ni a efectos económicos. Si sacaran de golpe todos los activos tóxicos los precios se derrumbarían, los españoles nos sentiríamos estafados (sería demasiado patente) y sobre todo actuarían contra sí mismos devaluando su propia cartera de activos. Optarán por un desangrado lento disimulando las cifras a través de complejas operaciones y vehículos financieros.

Esto último es una hipotesis pero les voy a dar un argumento sólido ¿Si supiera usted a ciencia cierta que los pisos se van a desplomar mañana, compraría hoy mismo una vivienda? -Bien pues ni usted ni yo lo sabemos, pero el Ministro De Guindos algo debe sospechar porque ha adquirido un ático de lujo en la Moraleja este mismo mes. Así que apuesten por mi teoría, que es la del mismísimo ministro de Lehman Brothers.

Vía @raulolivan

http://raulolivan.com/2012/08/30/el-banco-malo/

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El banco malo, el timo ponzi más grande de la historia

¿Me creería usted si yo le dijese que ha participado sin saberlo en una estafa piramidal?

Carlo Ponzi fue un emigrante italiano en los Estados Unidos de los años 20 que, con una mano delante y otra detrás y sin formación alguna, logró montar una gran estafa basada en la promesa de una alta rentabilidad a los ahorradores.

El timo consiste en que los inversores reciben los intereses de su propio dinero invertido o del que aportaban nuevos incautos. La magnitud de la operación hizo que desde entonces el timo piramidal se llamara Esquema Ponzi.

El drama de los sellos de Fórum Filatélico reproducía a la perfección la historia de Ponzi, sin embargo, existe otro ejemplo de mucha mayor magnitud en el que usted probablemente ha participado.

Me refiero a la burbuja inmobiliaria en España y quiero explicar por qué. En este esquema Ponzi la cúpula de la trama es colegiada: son los promotores, las inmobiliarias, los bancos y en cierta medida las administraciones públicas, representadas especialmente por los ayuntamientos; mientras que los incautos -no hace falta que lo aclare mucho- somos los ciudadanos españoles.

Esta versión del timo tiene ciertas peculiaridades porque normalmente en un esquema Ponzi se invierte en un producto financiero, abstracto e intangible, o de compleja tasación como los sellos, mientras que en el caso que nos ocupa la inversión han sido los pisos y subsidiariamente el suelo, que son bienes inmuebles y que por cierto son también productos necesarios para vivir.

De alguna manera la idea de que “los pisos nunca bajan” -ese mantra inducido que predicaban tus padres, vecinos y amigos, y que llegó a tener rango de ley en el hogar medio español- produjo un incremento desmesurado de la demanda, que era por una parte real, con decenas de miles de parejas jóvenes que necesitaban vivienda, y por otra, pura especulación.

Es en este segmento donde me gustaría retratar a cada uno de los miembros de la pirámide. Justo por encima de las familias jóvenes, en el primer escalón de la pirámide, se encontraban las familias de clase media que invirtieron sus ahorros en un par de apartamentos para sacar 40 ó 50.000€ de beneficio. En un peldaño superior estaban los chiringuitos inmobiliarios que con tan sólo un local y una impresora colonizaron todas las calles de España. Su negocio se limitaba a vender 3 ó 4 pisos al mes y vivir de las comisiones. Casi en paralelo a las oficinas inmobiliarias florecieron las sucursales de cajas de ahorros -Caja Galicia abrió en Zaragoza, Caixa Penedés en Logroño, Ibercaja en Sevilla…- porque a razón de 6 ó 7 hipotecas al mes y un crédito a un promotor las cuentas salían. Por encima de ellos, en la cúspide de la pirámide, estuvieron los promotores inmobiliarios y los constructores, medianos y grandes, que sin poner ni un solo céntimo impulsaron bloques y bloques de viviendas. Apalancaban el 100% de la compra del suelo con un crédito de la caja de turno, para después, con los primeros pisos vendidos sobre plano, pagar al arquitecto y a los proveedores. Un negocio seguro porque siempre “nos los quitaban de las manos”.

Conforme la pirámide se hizo más grande y era cada vez más difícil meter a nuevos incautos en el timo, todos se pusieron manos a la obra: pisos más pequeños, en solares cada vez más lejos para abaratar costes, créditos más baratos y sin garantías, plazos de hipotecas hasta 35 y 40 años, incluso ayudas fiscales o una legislación más laxa para permitir mayor apalancamiento a los promotores y constructores.

El día que un joven X se negó a comprar un piso de 50 m2 a 20 km de su ciudad por el que pagaría la mitad de su salario durante toda de su vida, todo se vino abajo. O eso es lo que nos han hecho creer…

Hasta aquí la crónica de los hechos le resultará de sobras conocida, pero qué le parece si le digo que la cúpula de la trama está preparando una jugada maestra para sostener este gran pufo, y peor aún, que quieren seguir lucrándose con él.

La historia sigue así: la ley de la oferta y la demanda –que es inmutable en economía- ha modificado el mercado a pesar de todos los intentos por controlar la situación, provocando caídas que van desde el 35% al 50% en el valor de las viviendas. No obstante, esta caída del valor no se ha visto reflejada con carácter general en los precios reales de compra venta. Esto se debe a que las cajas y bancos han acumulado una ingente cantidad de pisos y suelo, y para ellos aceptar las pérdidas reales en sus balances hubiera supuesto que, todos sin excepción, se fueran al garete.

La jugada maestra se llama “Banco Malo” y a falta de conocer sus reglas exactas que están negociándose durante estos días, se resume del siguiente modo: El Estado crea una entidad (“Banco Malo”) que asume todos los activos tóxicos (viviendas y suelo) de las cajas y bancos pagando por ellos el valor que tienen contabilizados estos en sus balances, con una minoración máxima (del 35% para los pisos terminados y el 60% para el suelo) para sanear las cuentas del sistema financiero e ir vendiendo desde esta nueva entidad pública todo ese stock de inmuebles con el paso de los años.

Las claves de esta operación a gran escala son las siguientes: Las cajas y bancos han asumido por decreto nuevos valores para sus activos tóxicos (minoraciones máximas del -35% pisos y -60% suelo). Y tras el nuevo panorama contable los que no han pasado la prueba del algodón han sido (o lo serán) nacionalizados con el dinero del rescate mientras que las cajas y bancos más solventes mantienen su independencia pero también han recibido fondos adicionales, a través del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) con el pretexto de fusionarse entre sí o adquirir cajas en apuros. Unos y otros han recibido (o recibirán) dinero de los ciudadanos se mire por donde se mire.

La mejor parte viene a continuación: ¿Cómo saben que los pisos valen ahora como máximo x -35%? Sencillamente no lo saben ni lo pueden garantizar porque el mercado está vivo y se mueve por la oferta y la demanda. Y sin embargo todos ven oportunidades en el “Banco Malo”: los bancos y cajas quieren ser los que tasen de nuevo los precios antes de cederlos, las inmobiliarias quieren comercializarlos y los constructores se conforman con que se los quiten de las manos. Y aunque no se fían los unos de los otros, sí que están completamente de acuerdo en que el “Banco Malo” debe asumir la diferencia entre el valor de cesión y el precio de la venta final.

A modo de ejemplo en Irlanda, con una burbuja similar a la nuestra, los activos tuvieron una depreciación final del 60% y el “Banco Malo” –los ciudadanos irlandeses- asumieron todo el margen de pérdida.

Efectivamente el “Banco Malo” – el estado, todos los españoles- vamos a pagar –por segunda vez- la fiesta de la burbuja inmobiliaria. Los pisos bajarán de precio sí, pero los márgenes de bajada la pagaremos entre todos; nuevos jóvenes podrán comprar casa sí, pero el sistema se ha asegurado que la diferencia hasta hacer sostenible este gran timo Ponzi, corra de nuestra cuenta. Por otra parte, el “Banco Malo” será el principal interesado en que los precios no se desplomen demasiado y a buen seguro procurará intervenir el mercado para sostener artificialmente la burbuja -otra vez-, y si bien ya no dará los réditos del pasado, sí seguirá generando beneficios a la cúspide de la pirámide.

Llegados a este punto no podemos evitar preguntarnos ¿dónde están los 7 billones de dólares ahorrados que hay en España? Cifra que da idea de todo el beneficio generado en los años del boom (145.000$ por español) pero que se concentra en los bolsillos de unos pocos.  Casualmente en los mismos que ahora vamos a rescatar: promotores, constructores, directivos de banca… Parece una puta broma pero no lo es.

¿Una alternativa? Por ejemplo: que usen esos 30.000 millones de euros (la cifra que se baraja para inyectar en el “Banco Malo”) y compren 300.000 pisos (a una media de 100.000€) para otras tantas familias en apuros y que paguen una renta de 250€ al mes con la que el Estado recupere la totalidad del dinero en 30 años. Pero no lo verán.

Ponzi estaría orgulloso de nosotros.

Vía www.raulolivan.com

(Publicado en Diario Progresista el 24 de agosto de 2012) Fuentes y referencias:

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